What hides Russia's soil can be worse than the plague
Published Not supplied · Discovered 9 Oct, 14:01 UTC · Original language: es · Version 3
Después de la pandemia de covid, las noticias sobre posibles brotes nos ponen en guardia. Por eso es comprensible la alarma que ha despertado la muerte de una técnica de laboratorio de un instituto que investiga la peste en Siberia. Pero, aunque todavía queda mucho por aclarar sobre ese caso, en Rusia hay otra amenaza sanitaria que merece más atención.
Las circunstancias de la posible infección siguen siendo confusas. Según medios locales, Darya Shipilova, de 28 años, pudo contraer peste neumónica tras un accidente en su lugar de trabajo. Esas informaciones no se han verificado. Las autoridades rusas han señalado que unas 200 personas que estuvieron en contacto con ella fueron puestas en cuarentena.
La peste neumónica es una infección grave que se produce cuando la bacteria Yersinia pestis afecta a los pulmones. Sin tratamiento, resulta mortal en casi todos los casos.
Oficialmente, la muerte de Shipilova se ha atribuido a una neumonía de origen «desconocido». Las autoridades rusas han comunicado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que no se ha registrado ningún caso de peste en la región. La organización ha solicitado más información y Donald Trump ha anunciado que tiene prevista una llamada con Vladímir Putin para hablar de lo ocurrido.
La OMS sostiene que no dispone de datos suficientes para evaluar por completo el riesgo y ha calificado de inaceptable la tardanza de Rusia en responder a sus preguntas. Esa falta de transparencia preocupa, especialmente porque la posible infección de peste no es la única amenaza sanitaria de Siberia.
Bajo el suelo helado
La que más me inquieta se encuentra en el permafrost, el suelo que permanece congelado durante al menos dos años consecutivos. El frío ha conservado allí vestigios de antiguas pandemias. Se ha detectado ADN del virus de la viruela en una momia de 300 años y ARN del virus de la gripe en el pulmón de un cadáver enterrado desde 1918. La presencia de ese material genético no demuestra, por sí sola, que los virus conserven su capacidad de infectar.
Los científicos también han conseguido reactivar microorganismos que llevaban decenas de miles de años atrapados en el suelo helado. Algunos son fascinantes, pero no suponen una amenaza para las personas: es el caso de los virus gigantes que solo infectan a amebas unicelulares.
Otros están emparentados con patógenos humanos conocidos, como los estafilococos o las bacterias del género Campylobacter, una de las principales causas de enfermedades diarreicas. Aunque disponemos de medicamentos que deberían permitir combatirlos, las bacterias del suelo congelado presentan una proporción sorprendentemente alta de genes de resistencia a los antibióticos.
Más inquietante aún es la posibilidad de que el hielo conserve virus o bacterias desconocidos para nosotros que pudieran haber contribuido a la desaparición de neandertales o mamuts. Es una hipótesis que recuerda cuánto ignoramos sobre lo que permanece enterrado.
El deshielo abre paso
Con un clima estable, esos microorganismos seguirían atrapados en el suelo congelado. Pero el cambio climático provocado por la actividad humana está calentando el Ártico hasta cuatro veces más deprisa que el conjunto del planeta.
El permafrost se descongela con rapidez y aumenta el riesgo de que libere antiguos patógenos. La creciente industrialización de la región añade otro motivo de preocupación: la llegada de trabajadores de otros lugares facilita que un eventual brote se propague más allá de esas zonas remotas.
La reaparición de un patógeno antiguo puede sonar a ciencia ficción. Sin embargo, en 2016, el deshielo del permafrost siberiano tras un verano cálido y seco provocó un brote de carbunco que mató a un niño de 12 años y a más de 2.300 renos.
En 2023, científicos de Francia, Alemania y Rusia publicaron un estudio que advertía de que los riesgos sanitarios del deshielo son reales y merecen más investigación. Pero la mayor parte del permafrost del planeta está en Rusia, y la invasión de Ucrania ordenada por Putin ha dificultado la cooperación científica y el intercambio de información.
El peligro del silencio
La escasez de detalles sobre la muerte de Shipilova tampoco permite confiar en que Rusia informase con transparencia de una amenaza surgida del permafrost.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, recordó el jueves en X, al referirse a la investigación del caso, que compartir información completa, transparente y sin demora es esencial para aclarar versiones contradictorias y evaluar los posibles riesgos para la salud pública. Así lo exige el Reglamento Sanitario Internacional.
Lo que vale para la peste también vale para los patógenos que pueda liberar el deshielo.
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Lara es una columnista de opinión de Bloomberg que cubre el cambio climático.
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Original title: Lo que esconde el suelo de Rusia puede ser peor que la peste
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