What I'm most concerned about the plague alert in Russia
Published 12 Oct 2026 · Discovered 12 Oct, 17:47 UTC · Original language: es · Version 4
Por Gigi Kwik Gronvall, The New York Times.
Una mujer de 28 años que trabajaba en un laboratorio de investigación contra la peste en Siberia murió el 2 de octubre, lo que suscitó preocupaciones y muchas preguntas. Las autoridades rusas han dicho que la mujer falleció debido a una neumonía de origen desconocido y que no habían ocurrido “situaciones de emergencia” en el laboratorio donde trabajaba. Afirmaron que estaban cerca de terminar la investigación de sus contactos para hacer un monitoreo en busca de alguna enfermedad y que no habían encontrado hallazgos preocupantes.
Los pronunciamientos rusos contrastaron con las furiosas especulaciones en otros lugares sobre lo sucedido. Los reportes iniciales no verificados de los medios locales daban a entender que la trabajadora del laboratorio había roto accidentalmente un tubo de ensayo que contenía Yersinia pestis, la bacteria que causa la peste. Los hospitales locales, entre ellos un hospital de maternidad, limitaron las visitas e instituyeron controles de salud reforzados. Una fábrica local exigió el uso de mascarillas a sus trabajadores.
La Organización Mundial de la Salud ha dicho, con base en la información no oficial disponible, que “el riesgo de salud pública para la población general parece ser bajo”. En efecto, la evidencia disponible no apunta a una emergencia de peste mundial. Pero esta trágica muerte debería llevar a los estadounidenses a cuestionarse si tenemos la capacidad de reconocer y contener la próxima amenaza de enfermedad.
Si bien la peste es, sin duda, mortal, puede tratarse con antibióticos si se detecta con rapidez. La forma de peste que, según el rumor, habría contraído la trabajadora del laboratorio siberiano se llama peste neumónica. Infecta los pulmones y puede propagarse entre las personas, a diferencia de la peste bubónica, la causa probable de la peste negra del siglo XIV, que se transmite principalmente por picaduras de pulgas.
Pero incluso la peste neumónica tiene una transmisibilidad relativamente limitada. Históricamente, una persona infectada con peste neumónica ha transmitido la enfermedad a un promedio de 1,3 personas más; a modo de comparación, el sarampión puede transmitirse a entre 12 y 18 personas en una población no vacunada. No se ha documentado la transmisión de la peste neumónica antes de que aparezcan los síntomas, por lo que los cuidadores y los contactos cercanos han sufrido el mayor riesgo de infección. Las mascarillas, el rastreo de contactos y el aislamiento, así como otros procedimientos establecidos para el control de infecciones, deberían funcionar bien para limitar la propagación de la peste neumónica.
Aun así, deberíamos obtener respuestas más claras sobre lo sucedido en Siberia que las que Rusia ha proporcionado hasta ahora. ¿Hubo un accidente de laboratorio? Si es así, ¿cuándo se reconoció y qué tratamiento recibió la trabajadora expuesta? ¿Qué motivó el monitoreo exhaustivo de sus contactos? Las preocupaciones de los observadores externos se avivaron en parte por las especulaciones sobre armas biológicas. La comunidad de inteligencia de Estados Unidos evalúa que Rusia tiene un programa clandestino de armas biológicas. La antigua Unión Soviética incluía la Yersinia pestis, el agente causante de la peste, en su arsenal.
Las sorpresas sobre enfermedades podrían provenir de muchos lugares. Por eso resulta desalentador que Estados Unidos se haya aislado tanto. Después de retirarse de la OMS en enero y de ordenar el regreso de los expertos estadounidenses cedidos a la organización, Estados Unidos ahora tiene menos información directa sobre posibles emergencias por enfermedades. El desmantelamiento de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional interrumpió las colaboraciones y relaciones científicas a través de las cuales se podrían identificar amenazas emergentes. Los recortes y las restricciones en la investigación de enfermedades infecciosas han debilitado la capacidad de los científicos estadounidenses para ayudar a establecer prácticas seguras de laboratorio a nivel internacional. Estamos reduciendo nuestro acceso a información importante de salud pública, así como nuestra influencia sobre lo que suceda a continuación.
El gobierno de Donald Trump despidió a miles de personas en el Departamento de Salud y Servicios Humanos, incluidos expertos en pandemias de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y de la Administración para la Preparación y Respuesta Estratégicas. Perder estos conocimientos ha debilitado capacidades que tardaron años en construirse. Ninguna solución rápida —y ningún modelo de inteligencia artificial— puede reemplazar el juicio profesional, la experiencia y las relaciones de confianza necesarias para investigar y evaluar lo que realmente sucede en un brote de enfermedad en cualquier parte del mundo. Las enfermedades infecciosas no reconocen fronteras.
Durante la pandemia de COVID-19, la biotecnología y la pericia biológica estadounidenses contribuyeron al desarrollo de vacunas, diagnósticos y tratamientos. La respuesta tuvo deficiencias profundas, en especial el no haber ampliado las pruebas de diagnóstico y la falta de equipo de protección personal disponible para el personal médico en los primeros días de la pandemia. Deberíamos estar fortaleciendo nuestra capacidad y corrigiendo estas deficiencias. En cambio, estamos debilitando nuestra infraestructura de salud pública mientras miles de estadounidenses, incluidos muchos niños, sufren de infecciones prevenibles como el sarampión. También estamos socavando la preparación para posibles amenazas futuras, como la influenza H5N1 (la gripe aviar). Ese virus fue detectado recientemente en una granja de visones en Estados Unidos, y aún es un posible patógeno pandémico. El gobierno de Trump canceló un contrato para desarrollar una vacuna de ARNm para humanos contra el H5N1.
La lección de una muerte sin explicación en Siberia debería ser que las emergencias por enfermedades exigen evidencia, experiencia y cooperación. Exigen inversión continua en las herramientas que pueden utilizarse para investigar y limitar los brotes de enfermedades. Y lo más importante, exigen inversión en las personas capacitadas para usar esas herramientas. c. 2026 The New York Times Company.
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Original title: Lo que más me inquieta sobre la alerta de peste en Rusia
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